13 de Mayo de 2026

“Cuentos a la orilla del Estero”

Dr. Rubén Ricaño Escobar
Municipios y buen gobierno.

| | 12 May 2026 - 10:07hrs

El pasado sábado, al salir de un restaurante en la comunidad playera de Lechuguillas, en el municipio de Vega de Alatorre, alguien que iba llegando me tocó la bocina de su automóvil. Me acerqué a saludar y fue una muy grata sorpresa descubrir que se trataba de mi amigo, el maestro Ignacio León Lara, a quien conozco desde su adolescencia.


Nacho —como cariñosamente le llamamos quienes lo apreciamos— además de ser un extraordinario profesor que ha desarrollado buena parte de su magisterio en Misantla, es también un hombre de gran calidad humana y un escritor con una sensibilidad muy especial para contar la vida sencilla de nuestra tierra.


Después del saludo y de ponernos al día brevemente, cuando ya nos despedíamos, me dijo con esa naturalidad tan suya:


—No has leído este…


Y enseguida puso en mis manos, autografiado, su más reciente libro: _Cuentos a la orilla del estero._


*Días antes lo había presentado en el estero “El Vado”,* ese rincón entrañable donde cobran vida las historias que habitan el libro; relatos inspirados en las vivencias de su señor padre, don Modesto León, un extraordinario conversador al que siempre he guardado especial afecto y admiración.


Al llegar a casa, y sabiendo de antemano que Nacho escribe con una narrativa ágil, amena y profundamente nuestra, me apresuré a comenzar la lectura. Bastó una sola sentada —como dice la jerga popular— para devorarlo entero.


Fue un verdadero placer volver a caminar, a través de sus páginas, por esa hermosa región del barlovento veracruzano llamada Vega de Alatorre; recordar nombres de artes y enseres de pesca, animales, poblados y costumbres que parecen salidas de otro tiempo; reencontrarme con la picardía noble de la gente de la costa y con ese paraíso tropical que dio origen a tantas historias entrañables, incluso a aquellas leyendas populares que inspiraron a _Chanoc._


*El libro de Nacho tiene esa virtud rara: mientras uno lee, no solamente imagina… también escucha el mar, siente la brisa salada y vuelve a mirar la vida sencilla y alegre de aquellos años sesenta y setenta que aún sobreviven en la memoria de nuestros pueblos.*


¡Gracias, profe Ignacio!, por regalarme momentos de tan grata y entretenida lectura. Este libro de cuentos de vida también me gustó profundamente.


Vega de Alatorre, Misantla y toda la región del Barlovento deben sentirse orgullosos de ti. Yo, en lo personal, lo estoy, y te agradezco sinceramente la deferencia de tu valioso regalo.