31 de Mayo de 2026
![]() | Mtro. Carlos Miguel Acosta Bravo Impronta |
| | 31 May 2026 - 09:11hrs
Durante años, los gobiernos mexicanos han utilizado el crecimiento del empleo como uno de los principales indicadores para demostrar la fortaleza de la economía. Más personas trabajando suele interpretarse como una buena noticia. Sin embargo, las cifras más recientes de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) obligan a mirar más allá de los titulares optimistas y analizar qué tipo de empleo se está generando realmente.
Entre enero y marzo de 2026, la población ocupada aumentó en 552 mil personas respecto al mismo periodo del año anterior. En cualquier otra circunstancia, el dato sería motivo de celebración. No obstante, el mismo reporte revela que la ocupación informal creció en 583 mil personas, una cifra superior al aumento total de la población ocupada.
La conclusión es inevitable, prácticamente todos los nuevos empleos surgieron en la informalidad.
No se trata de un dato menor ni de una simple variación estadística. Es una señal de que la economía mexicana está encontrando cada vez más dificultades para generar oportunidades dentro de la formalidad y que millones de personas están construyendo su sustento fuera de los mecanismos tradicionales del desarrollo económico.
El país donde trabajar ya no garantiza progreso. La informalidad ha existido siempre en México. Durante décadas fue vista como una válvula de escape para quienes no encontraban empleo formal. Sin embargo, hoy parece estar ocurriendo algo distinto.
Lo que muestran las cifras es que la informalidad dejó de ser una excepción para convertirse en una regla. No es el refugio temporal de quienes esperan una oportunidad mejor; es el espacio donde cada vez más mexicanos encuentran su única posibilidad de generar ingresos.
Detrás de cada puesto ambulante, cada negocio sin registro fiscal o cada trabajador sin prestaciones existe una historia de esfuerzo. Pero también existe una realidad preocupante, la economía está creando ocupación sin crear las condiciones necesarias para el desarrollo de largo plazo.
Trabajar no siempre significa avanzar. Y cuando los empleos que se generan carecen de seguridad social, acceso a crédito, capacitación o estabilidad, el crecimiento económico pierde calidad.
La otra cara del empleo récord. El discurso oficial ha insistido en destacar el aumento del salario mínimo, la reducción de la pobreza laboral y los niveles históricos de ocupación. Muchos de esos avances son reales y merecen ser reconocidos.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre tener empleo y tener un empleo productivo.
Una economía sana no solo genera puestos de trabajo; genera empleos capaces de impulsar la productividad, fortalecer el consumo, ampliar la base tributaria y construir patrimonio para las familias.
Cuando la informalidad crece más rápido que la economía formal, sucede exactamente lo contrario.
Los trabajadores informales suelen enfrentar ingresos más inestables, menor acceso a servicios médicos, ausencia de ahorro para el retiro y una alta vulnerabilidad ante cualquier crisis económica. Al mismo tiempo, el Estado recauda menos recursos y dispone de menos capacidad para financiar infraestructura, educación, salud o seguridad.
La paradoja es evidente, más mexicanos trabajan, pero el país se vuelve menos productivo.
El síntoma de una economía estancada. La informalidad no surge por casualidad. Es el resultado de problemas estructurales que llevan años acumulándose.
La desaceleración económica, la baja inversión privada, la incertidumbre regulatoria, la escasa creación de empresas y los altos costos de cumplimiento para pequeños negocios terminan empujando a miles de personas hacia actividades fuera del sistema formal.
Cuando una empresa decide no expandirse, cuando un inversionista pospone proyectos o cuando un emprendedor considera demasiado costoso formalizarse, la informalidad encuentra terreno fértil para crecer.
Por ello, el aumento de la economía informal no debe interpretarse como una muestra de resiliencia económica, sino como una advertencia sobre las limitaciones del modelo de crecimiento actual.
El riesgo de normalizar la informalidad. Quizá el mayor peligro sea que México termine acostumbrándose a esta realidad.
Si la informalidad se convierte en la principal fuente de generación de empleo, el país podría entrar en un círculo difícil de romper, baja productividad, baja recaudación, escasa inversión y crecimiento insuficiente. De hecho los indicadores hablan de la disminución de la recaudación fiscal del ISR durante el primer trimestre de 2026.
La economía seguiría moviéndose, pero lo haría cada vez más lejos de las condiciones necesarias para competir globalmente y elevar el nivel de vida de la población.
El reto de los próximos años no será únicamente crear empleos. Será crear empleos formales, productivos y sostenibles.
Porque una nación no puede aspirar al desarrollo cuando la mayor parte de su crecimiento laboral ocurre fuera de las instituciones que garantizan derechos, seguridad y oportunidades.
Las cifras de la ENOE dejan una lección clara, la informalidad no es la causa de los problemas económicos de México, sino el reflejo más visible de ellos. Y mientras siga creciendo más rápido que el empleo formal, el país deberá preguntarse si realmente está avanzando o simplemente está aprendiendo a sobrevivir.
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