05 de Marzo de 2026

México, soberanía productiva en la era de la desglobalización

Dra. Citlalli Navarro del Rosario
Liderazgo mexicano

| | 13 Ene 2026 - 18:06hrs

Producir y comprar donde fuera más barato fue la premisa aparentemente incuestionable por la que se rigió el comercio internacional durante décadas. Esa lógica hoy está agotada, la pandemia, la crisis de chips, la reconfiguración de las cadenas globales de suministros y las tensiones geopolíticas han cambiado la pregunta central del mercado, no se trata solo de cuánto cuesta producir, sino de quién produce, dónde y bajo qué reglas.


Hoy el mundo transita un proceso de desglobalización selectiva. Las grandes economías ya no buscan únicamente eficiencia en costos, sino resiliencia y confiabilidad para garantizar su seguridad en las cadenas de valor.  Estados Unidos y Europa avanzan en políticas industriales que priorizan el origen de los bienes y el control de tecnologías críticas. En este nuevo contexto, México ha decidido actuar con claridad y fortaleza estratégica.


El regreso de la política industrial mexicana


El Plan México, presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum hace prácticamente un año, el 13 de enero del 2025, se concibe como el eje estratégico para impulsar una nueva etapa de reindustrialización soberana, sostenible y socialmente incluyente, orientada a corregir debilidades estructurales del modelo económico y reposicionar al país en el contexto de la reconfiguración productiva global. Su finalidad es transitar de un esquema basado en la maquila y la alta dependencia de insumos importados hacia un modelo de desarrollo con mayor valor agregado, fortalecimiento el mercado interno y encadenamientos productivos nacionales.


Soberanía productiva significa decidir qué producir, cómo producir y con qué nivel tecnológico se aseguran oportunidades reales para las nuevas generaciones.


 Desde una perspectiva de política pública, el plan recupera el papel del Estado como articulador del desarrollo industrial, mediante una planeación de largo plazo, coordinación interinstitucional y el uso estratégico de instrumentos como la inversión pública alineada con las oportunidades del nearshoring y la relocalización industrial en el mundo.


El plan se inserta en una lógica de integración regional, no solo para atraer inversión, sino para anclar procesos productivos complejos y especializados en el territorio mexicano, integrando en la cadena productiva a regiones históricamente rezagadas, incrementando el contenido nacional en sectores estratégicos y reduciendo asimetrías productivas con Estados Unidos y Canadá. La dimensión regional del desarrollo se refuerza mediante la creación de polos industriales especializados, infraestructura logística y energética, y una política territorial orientada a la cohesión económica reduciendo desigualdades sociales y generando bienestar social de largo plazo.


La reindustrialización planteada en el plan no es espontánea, sino el resultado de una arquitectura de desarrollo económico de nueva generación, que respeta las vocaciones de los 32 estados de la república, y se enfoca en sectores y regiones con alto potencial productivo a través de los Polos de Bienestar.


“Aranceles, la palabra del 2025”


Los aranceles se han convertido en la palabra clave del debate económico global, no como una herencia proteccionista del pasado, sino como instrumentos estratégicos de política industrial, seguridad económica y ordenamiento del comercio internacional. Como mencioné al principio, en un contexto de tensiones geopolíticas, la relocalización y competencia por el control de cadenas de suministro críticas, los países recurren a los aranceles para proteger sus capacidades productivas, inducir inversión y reducir dependencias estratégicas. México no ha sido ajeno a esta tendencia.


La reforma a la Tarifa de la Ley de los Impuestos Generales de Importación y de Exportación (TIGIE) publicada el 29 de diciembre de 2025 en el Diario Oficial de la Federación, se inscribe precisamente en esta lógica. Más que un ajuste técnico al arancel representa un reposicionamiento del instrumento tarifario, define cuánto impuesto se paga por importar y exportar mercancías y funciona como palanca activa de la política industrial con los objetivos de reindustrialización, especialización productiva y fortalecimiento del mercado interno. A través de la TIGIE, el Estado mexicano redefine incentivos, corrige distorsiones comerciales, prácticas desleales del comercio como la subvaluación, la triangulación y establece condiciones diferenciadas para proteger sectores estratégicos como el textil, calzado, acero y productos agroalimentarios.


México se inserta en esta coyuntura desde una posición de poder y se consolida como un socio industrial confiable y estable, el diseño de esta reforma distingue claramente entre bienes finales donde se refuerza la protección, e insumos estratégicos donde se preserva la flexibilidad para no comprometer la producción.


La reforma a la TIGIE convierte al arancel en una herramienta de tecnificación productiva.


El artículo Cuarto Transitorio del decreto es ilustrativo del equilibrio buscado, al facultar a la Secretaría de Economía para instrumentar mecanismos que garanticen el abasto de insumos desde países sin tratado de libre comercio, el Estado mexicano combina protección productiva con pragmatismo económico.


El uso de los aranceles se articula con una visión más amplia de desarrollo productivo plasmada en el Plan México. La TIGIE deja de ser un instrumento meramente recaudatorio para convertirse en una herramienta de tecnificación y especialización, orientada a la producción nacional de insumos, bienes intermedios y materias primas especializadas que resultan indispensables para la subsistencia y competitividad de la región de América del Norte.


El comercio exterior se integra al Plan México como palanca de reindustrialización


El Plan México, la marca Hecho en México, y las reformas a la TIGIE se consolidan como herramientas centrales de una política económica moderna, dejan de ser un asunto técnico distante y se convierte en una herramienta concreta para reducir vulnerabilidades, donde el comercio exterior no es un fin en sí mismo, se integra a una estrategia de desarrollo industrial fuerte, con soberanía productiva y seguridad económica de largo plazo, con la convicción de logar una prosperidad compartida para todas y todos los mexicanos.


Citlalli Navarro Del Rosario


citlallinavarro@gmail.com