06 de Julio de 2026
![]() | Lic. Víctor Murguía Velasco Contrapunto |
| | 06 Jul 2026 - 13:10hrs
Acostumbrado a estar cerca del peligro, en la sierra de Santa Marta, con sus casi paisanos, Genaro Domínguez, líder indígena, debió sentir miedo: estaba amarrado a un árbol y otros indígenas lo apuntaban con sus flechas.
Esto pasó en San Juan Volador, comunidad del municipio de Pajapan, hace ya varios años. Genaro, dirigente de la Coordinadora Nacional de Pueblos Indígenas y nativo de Santiago Tuxtla, había ido a mediar en un problema y terminó de la manera descrita. Afortunadamente, la sangre no llegó al río.
Recordamos este pasaje para referir que, ya enojados, los habitantes de Pajapan, Soteapan, Tatahuicapan, Mecayapan, Oteapan y Chinameca se le enfrentan a quien sea y pueden ser muy violentos.
Lo sabe Cuitláhuac García. Estaba estrenándose como gobernador, en enero de 2019, y fue a Chinameca, pues quería sacar adelante el proyecto para instalar ahí el basurero de Coatzacoalcos, Minatitlán y Cosoleacaque.
Encontró a un pueblo enardecido —apoyado por gente de Tatahuicapan y otros lugares de la sierra— que lo retuvo mucho tiempo, hasta que el entonces gobernador se dio cuenta de que o firmaba un documento mediante el cual cancelaría definitivamente la posibilidad de ubicar en Chinameca el basurero o quién sabe qué pasaría. Lógicamente, lo firmó.
Cuitláhuac nunca debió ir a Chinameca para tratar el asunto personalmente, pero desconocía la realidad de Veracruz. Quería quedar bien —todos los datos indicaron eso— con su entonces “jefa”, Rocío Nahle, secretaria de Energía, quien supuestamente recomendó a un empresario para construir y operar el relleno sanitario.
Así que ahora que el dirigente estatal de Morena, Esteban Ramírez Zepeta, fue corrido a empujones y gritos de traidor en Tatahuicapan, por pretender regresar a Morena al alcalde que se postuló y ganó por otro partido, puede decir que le fue bien.
Cuitláhuac, estrenándose como gobernador, se arriesgó por culpa de su secretario de Gobierno, que no midió el peligro al que exponía a su jefe, llevándolo a un lugar donde, a todas luces, se oponían al basurero y donde los pobladores se enardecen al sentirse agraviados.
Zepeta tampoco midió riesgos. Creyó que iba a cualquier otro municipio donde no les ha importado —al menos no lo han externado enojándose— que su alcalde cambie de partido y se afilie a Morena.
El presidente de Morena, a quien no le va bien cuando visita zonas indígenas, evidentemente enojado, no pudo hacer nada para evitar ser sacado del pueblo. Quiso resistirse, pero optó por lo práctico: avanzó a los empujones y se subió a su vehículo para marcharse mascullando algunas frases.
Después comentó: “Soy dirigente de todas y de todos, aunque no les guste y aunque no me quieran”.
Pues sí, es el presidente de Morena porque así ha querido la gobernadora Rocío Nahle y lo será hasta que ella quiera. Nahle primero permitió que se quedara en esa posición durante su campaña a la gubernatura; después autorizó que llevara la representación durante la selección de candidatos y la elección de alcaldes —fracasó, junto con otros actores—, y ahora sigue ahí por el mismo motivo: porque así lo desea la Gobernadora. Así es la democracia en los partidos, incluido Morena.
El próximo año, si Morena gana la mayoría de las diputaciones, tendrá una partecita del éxito y su recompensa; si pierde, le atribuirán toda la responsabilidad y será su tumba.