01 de Septiembre de 2026
![]() | Dr. José Luis Soto Ortiz Tecnología y humanismo |
| | 31 Ago 2026 - 14:10hrs
Hace apenas unos años comenzamos a conversar con las máquinas de una manera distinta. Preguntamos, corregimos, discutimos una respuesta, pedimos otra versión y volvimos a empezar. La inteligencia artificial generativa (IAG) hizo cotidiana una experiencia que hasta hace poco parecía reservada a la ciencia ficción: mantener un diálogo razonablemente fluido con una máquina.
El prompt fue la puerta de entrada, pero quizá le hemos concedido demasiado protagonismo. Lo importante no fue aprender ciertas fórmulas para obtener “la respuesta correcta”, sino descubrir que podíamos construir algo mediante el diálogo con una IA. Mientras todavía aprendemos a hacerlo, la tecnología vuelve a moverse. El cambio puede resumirse en tres acciones: dialogar, delegar y dotar de capacidades.
La llamada IA agéntica representa buena parte de este segundo momento. Un agente no se limita a responder una pregunta: puede recibir un objetivo, utilizar herramientas y desarrollar diferentes acciones para alcanzarlo. Ejemplo de ello es, OpenAI distingue, entre utilizar la IA para tareas puntuales —redactar, resumir o generar ideas— y emplear agentes para desarrollar procesos de trabajo más amplios y repetibles (OpenAI, 2026a).
Pensemos en algo sencillo. Podemos conversar con una IA para preguntarle: “¿Qué necesito para organizar un viaje a Madrid?”. Nos propondrá rutas, hoteles, costos y recomendaciones. Pero un agente puede recibir una instrucción diferente: “Organiza mi viaje considerando estas fechas, mi presupuesto y mi agenda”. La diferencia no está solamente en la calidad de la respuesta. Estamos dejando de pedir información para comenzar a delegar acciones.
Aunadi a lo aterior, aparece un tercer elemento: las “skills”, o habilidades. En términos simples, permiten establecer cómo queremos que la IA realice determinadas tareas. En lugar de explicar una y otra vez un procedimiento, este puede convertirse en una capacidad reutilizable. OpenAI las plantea como instrucciones y recursos que ayudan a realizar tareas especializadas de manera consistente (OpenAI, 2026b). Anthropic trabaja bajo una lógica semejante con sus Agent Skills, que incorporan instrucciones, recursos e incluso programas para ampliar las capacidades de los agentes (Anthropic, 2025).
Imaginemos que todos los meses debemos analizar un informe. Podemos explicar cada vez: “identifica los datos principales, compáralos con el mes anterior, señala anomalías y redacta tres conclusiones”. O podemos disponer de una skill que ya contenga ese procedimiento. El agente recibe el objetivo y utiliza esa capacidad cuando la necesita. En este sentido, las skills establecen una manera de hacer las cosas, mientras que los agentes pueden utilizar esas habilidades y otras herramientas para desarrollar una tarea (OpenAI, 2026c).
No estamos, por supuesto, ante tres etapas que se sustituyen. Seguiremos conversando con la IA y seguiremos utilizando prompts. Lo que está cambiando es cuánto estamos dispuestos a delegar.
Es aquí donde comienza lo interesante.
Hasta ahora nos hemos preocupado, con razón, porque una IAG puede inventar información, reproducir sesgos o entregar respuestas aparentemente convincentes pero equivocadas. Pero existe una diferencia importante entre una IA que se equivoca al responder y otra que actúa a partir de ese error.
No es lo mismo recibir una mala recomendación para un viaje que permitir que un sistema modifique una reservación. Tampoco es igual obtener un resumen incorrecto que dejar que un agente envíe automáticamente ese resumen a otras personas.
El planteamiento, empieza a cambiar. Ya no basta con preguntarnos qué puede hacer la inteligencia artificial. Tendremos que decidir qué queremos permitirle hacer.
Aquí aparece una paradoja. Queremos agentesinteligentes porque pueden ahorrarnos tiempo. Y si tenemos que revisar cada paso, parte de esa ventaja desaparece. Pero si dejamos de supervisarlos, corremos el riesgo de depender de procesos que poco a poco dejamos de comprender.
Quizá por eso las habilidades digitales que necesitaremos no será únicamente saber escribir buenos prompts. Será saber delegar: decidir qué puede hacer una IA, a qué información puede acceder, qué acciones requieren nuestra autorización y cuáles deberían permanecer bajo decisión humana.
Hay además una pregunta incómoda. Cuando delegamos una actividad de manera sistemática, ¿solo estamos ahorrando tiempo o también estamos dejando de ejercitar la capacidad necesaria para realizarla y evaluar si está bien hecha?
Ese debate recién comienza.
En pocos años pasamos de sorprendernos porque una máquina podía conversar con nosotros a considerar normal que redacte, analice y organice información. El siguiente paso ya está ocurriendo: permitirle actuar y dotarla de habilidades cada vez más especializadas.
El reto no será conseguir que la inteligencia artificial haga más cosas. Seguramente las hará. El reto será algo mucho más humano: conservar el criterio para decidir qué delegamos, qué supervisamos y qué no deberíamos dejar en manos de una máquina.
Referencias
Anthropic. (2025). Equipping agents for the real world with Agent Skills. Anthropic.
https://www.anthropic.com/engineering/equipping-agents-for-the-real-world-with-agent-skills
OpenAI. (2026a). Agentes del espacio de trabajo. OpenAI Academy.
https://openai.com/es-419/academy/workspace-agents/
OpenAI. (2026b). Using skills. OpenAI Academy.
https://openai.com/academy/skills/
OpenAI. (2026c). Skills vs. Agents. OpenAI Academy, 13 de julio de 2026.
https://academy.openai.com/en/public/clubs/news-organizations-b9osl/videos/skills-vs-agents-2026-07-13